El legendario luchador El Hijo del Santo alzó la voz para recordar que el icónico monumento en honor a su padre, el inolvidable Santo, el Enmascarado de Plata, no es ajeno a los actos vandálicos. Este no es el primer ataque que sufre el emblemático sitio: en 2012, la placa original de bronce que adornaba el pedestal fue arrancada de su lugar, a pesar de estar protegida dentro del basamento de cemento. El robo, que conmocionó a los seguidores del ídolo de las multitudes, pudo ser subsanado gracias a la rápida intervención de las autoridades y a un esfuerzo conjunto con la Alcaldía Cuauhtémoc, que permitió restaurar el homenaje al luchador más querido de México.
Ahora, casi doce años después, la historia parece repetirse. Aunque las circunstancias del reciente daño aún no están del todo claras, lo cierto es que el monumento —símbolo de una época dorada de la lucha libre mexicana— vuelve a estar en el centro de la polémica. Para los aficionados, este tipo de agresiones no solo representan un ataque a la memoria de un ícono cultural, sino también un golpe a la identidad de un deporte que ha trascendido generaciones. El Santo no fue solo un luchador: fue un héroe popular, un personaje que encarnó los valores de la justicia y la valentía, y cuya figura sigue inspirando a millones.
A pesar de los contratiempos, la tradición se mantendrá firme. Como cada año, el próximo 5 de febrero se llevará a cabo la guardia de honor en memoria del Enmascarado de Plata, un evento que reúne a seguidores, familiares y figuras del mundo de la lucha libre para rendir tributo al hombre que, bajo la máscara de plata, se convirtió en leyenda. Este acto, cargado de simbolismo, no solo honra su legado, sino que también refuerza el compromiso de preservar su memoria frente a cualquier intento de borrarla.
La lucha por proteger el patrimonio cultural de México no es nueva, y en el caso del Santo, adquiere un significado especial. Su legado va más allá de los cuadriláteros: es parte fundamental de la historia del país, un referente que ha cruzado fronteras y que sigue vivo en el imaginario colectivo. Por eso, cada agresión a su monumento duele no solo a los amantes de la lucha libre, sino a todos aquellos que reconocen en él un símbolo de resistencia y orgullo nacional.
Mientras las autoridades investigan lo ocurrido, los seguidores del Santo mantienen la esperanza de que, una vez más, el homenaje a su ídolo pueda ser restaurado. Porque, como bien lo dijo su hijo, el legado del Enmascarado de Plata no puede ser destruido: está grabado en la memoria de quienes lo vieron brillar en el ring y en el corazón de quienes, décadas después, siguen celebrando su grandeza. La máscara de plata sigue siendo un emblema de lucha, y su espíritu, indomable.



