En el corazón de Perris, una tranquila ciudad del sur de California, un pequeño local ha captado la atención de medios y curiosos tras revelarse su posible conexión con una de las familias más poderosas —y temidas— del crimen organizado en México. Se trata de *El Rincón La Chulis*, una cafetería que, según investigaciones recientes, estaría bajo el mando de Laisha Michelle Oseguera González, la hija menor de Nemesio Oseguera Cervantes, mejor conocido como *El Mencho*, líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).
El establecimiento, ubicado en un discreto centro comercial, no destaca a primera vista entre los negocios locales. Sin embargo, su ambiente cálido y colorido, decorado con frases en español y detalles que evocan la cultura mexicana, lo han convertido en un punto de encuentro para familias y jóvenes de la zona. Hasta hace poco, sus clientes habituales desconocían por completo el posible vínculo del lugar con una de las figuras más buscadas por las autoridades de ambos lados de la frontera.
Laisha Oseguera, de 24 años, ha logrado mantener un perfil bajo en comparación con otros miembros de su familia. A diferencia de sus hermanos, como Rubén Oseguera González —alias *El Menchito*, detenido en 2020 y extraditado a Estados Unidos—, ella no enfrenta cargos judiciales en el país vecino. Su nombre, sin embargo, volvió a resonar en los últimos meses tras su aparición en el funeral de su padre en Guadalajara, un evento que congregó a cientos de personas y que fue ampliamente documentado en redes sociales.
Aunque las autoridades estadounidenses no han confirmado oficialmente la propiedad de la cafetería, fuentes cercanas a la investigación señalan que el negocio operaría como una fachada para lavar dinero o, al menos, como una forma de mantener un ingreso legítimo. Lo cierto es que, hasta ahora, *El Rincón La Chulis* sigue funcionando con normalidad, atendiendo a su clientela sin mayores sobresaltos. Para muchos de sus visitantes, el lugar no es más que una opción más en el paisaje comercial de Perris, aunque ahora con un halo de misterio que lo hace aún más intrigante.
El caso pone de relieve una vez más cómo las redes del crimen organizado logran infiltrarse en actividades cotidianas, incluso en comunidades aparentemente ajenas a la violencia. Mientras las autoridades siguen de cerca los movimientos de la familia Oseguera, la cafetería continúa su rutina, como si nada hubiera cambiado. Pero para quienes conocen la historia detrás del mostrador, cada taza de café servida podría esconder una verdad mucho más compleja.



